SARAS: El sistema que transforma la gestión del riesgo en las finanzas sostenibles
En un contexto donde los impactos ambientales y sociales inciden cada vez más en la estabilidad económica, las entidades financieras enfrentan un desafío clave: cómo anticipar, gestionar y mitigar riesgos que van más allá de lo financiero. En este escenario, el Sistema de Administración de Riesgos Ambientales y Sociales (SARAS) se posiciona como una herramienta estratégica para fortalecer la sostenibilidad del sector.
¿Qué es el SARAS?
El SARAS es un mecanismo interno que permite a las entidades de intermediación financiera identificar, categorizar, evaluar y monitorear los riesgos ambientales y sociales asociados a las operaciones de crédito de sus clientes. Su implementación no es un proceso aislado, sino que forma parte integral del análisis crediticio, alineándose con la estrategia de sostenibilidad institucional.
A través de este sistema, las entidades pueden evaluar cómo las actividades financiadas impactan en el entorno —ya sea en términos de uso de recursos naturales, generación de residuos, condiciones laborales o relación con comunidades— y tomar decisiones informadas antes, durante y después del otorgamiento del crédito.
¿Cómo funciona en la práctica?
El SARAS se integra a lo largo de todo el ciclo crediticio mediante varias etapas clave:
Filtro inicial: se excluyen actividades consideradas no elegibles según políticas internas.
Categorización del cliente: se clasifica el nivel de riesgo ambiental y social (alto, medio o bajo).
Evaluación de riesgos: se analizan impactos potenciales y el cumplimiento de normativas.
Condicionantes contractuales: se establecen cláusulas específicas para mitigar riesgos.
Monitoreo: se realiza seguimiento al cumplimiento y se promueve la mejora continua.
Este enfoque sistemático permite que la gestión de riesgos ambientales y sociales sea preventiva y no reactiva, fortaleciendo la calidad del portafolio crediticio.
Beneficios de incorporar un SARAS
La implementación de un SARAS genera beneficios concretos tanto para las entidades financieras como para sus clientes y el entorno:
1.Mejor gestión de riesgos
Permite anticipar impactos ambientales y sociales que podrían traducirse en riesgos financieros, reputacionales o regulatorios.
2.Toma de decisiones más informada
Integra variables no financieras en el análisis crediticio, mejorando la evaluación integral de los clientes.
3.Cumplimiento normativo y acceso a financiamiento
Facilita el alineamiento con estándares internacionales y requisitos de fondeadores que exigen criterios ambientales y sociales.
4.Promoción de buenas prácticas
No restringe el acceso al crédito, sino que incentiva a los clientes a adoptar prácticas más sostenibles en sus actividades productivas.
5.Fortalecimiento institucional
Impulsa una cultura organizacional orientada a la sostenibilidad, con responsabilidades distribuidas en todo el proceso crediticio.
6. Ventaja competitiva
Posiciona a las entidades como actores responsables, innovadores y alineados con las tendencias globales de finanzas sostenibles.
El SARAS no es solo un medio que se traduce en una herramienta técnica. Es una forma de repensar el rol del sistema financiero en el desarrollo. Al incorporar criterios ambientales y sociales, las entidades financieras dejan de ser únicamente intermediarias de recursos para convertirse en agentes activos de transformación económica y ambiental.
En países como Bolivia, donde la economía está profundamente vinculada a los recursos naturales y a la dinámica territorial, contar con sistemas como el SARAS es fundamental para asegurar que el crecimiento económico no comprometa el futuro.
Porque en las finanzas sostenibles, el verdadero valor no está solo en cuánto se financia, sino en cómo y para qué se financia.
¿Qué es la Metodología ATF (Asistencia Técnica Financiera) de PROFIN?
La Metodología ATF es una propuesta desarrollada por Fundación PROFIN, basada en un proceso de acompañamiento técnico personalizado, práctico y progresivo, diseñado para fortalecer bionegocios/emprendimientos desde su realidad territorial. La ATF se implementa en cuatro momentos: diagnóstico integral del emprendimiento, planificación y acuerdos de trabajo, implementación de líneas de acción según el nivel de madurez del bionegocio/emprendimiento y, como resultado final, la construcción de un Plan de Negocios que integra aprendizajes, registros y proyecciones. El proceso se apoya en 10 líneas de trabajo (gestión financiera, contabilidad, inventarios, costos, marketing, formalización, liderazgo, vinculación, preparación para financiamiento y sostenibilidad), además de la Carpeta del Bionegocio/Emprendimiento, una herramienta que acompaña todo el proceso y queda como guía permanente para la gestión del emprendimiento.
Beneficios de la Metodología ATF
La Metodología ATF de PROFIN genera beneficios concretos para los bionegocios/emprendimientos, ya que mejora la organización financiera y administrativa, fortalece la toma de decisiones económicas, y contribuye a reducir riesgos financieros y productivos. Asimismo, impulsa la planificación estratégica, promueve la sostenibilidad del emprendimiento en el tiempo y fortalece su capacidad de crecimiento. Un aporte clave de esta metodología es que prepara a los bionegocios/emprendimientos para el acceso a financiamiento, consolidando herramientas, registros y criterios que aumentan su capacidad de negociación y proyección, integrando además un enfoque territorial y de género para un desarrollo más inclusivo.
Metodología GAAC: aprender a ahorrar y crecer juntos
En muchas comunidades del país, el acceso a servicios financieros sigue siendo un desafío. Sin embargo, a través de la metodología GAAC —Grupos Autogestionados de Ahorro y Crédito—, mujeres, hombres y jóvenes están aprendiendo a organizar sus recursos, ahorrar en grupo y prestarse entre sí, fortaleciendo la confianza y el desarrollo local. Esta metodología, promovida por la Fundación PROFIN, demuestra que la inclusión financiera comienza desde la comunidad, con educación, organización y compromiso.
Cada grupo GAAC se forma con personas que comparten un mismo objetivo: mejorar su economía y aprender juntos. Los participantes deciden cuánto ahorrar, cómo administrar el fondo común y establecen reglas claras para otorgar pequeños créditos entre los miembros. Lo hacen de manera participativa y transparente, llevando sus propios registros, aprendiendo a manejar cuentas y fortaleciendo la confianza mutua. Así, el ahorro se convierte en una herramienta para cumplir metas y afrontar emergencias sin depender de prestamistas externos.
Más allá del dinero, los GAAC generan espacios de aprendizaje y apoyo colectivo. A través de los talleres de educación financiera, las y los participantes adquieren conocimientos sobre presupuesto, planificación y uso responsable del crédito. Este proceso fomenta la autonomía, mejora la toma de decisiones y refuerza el liderazgo, especialmente de las mujeres, quienes encuentran en estos grupos una forma de independencia y crecimiento personal.
La metodología GAAC ha demostrado que la educación financiera no solo cambia la forma de administrar el dinero, sino también la manera de construir comunidad. Cada aporte, cada reunión y cada decisión compartida teje redes de confianza que impulsan el desarrollo local. En cada grupo, el mensaje es claro: cuando ahorramos juntos, crecemos juntos.
¿Qué son las taxonomías de finanzas sostenibles?
Una taxonomía es un sistema de clasificación de las actividades económicas ambientalmente y socialmente sostenibles. Su objetivo es establecer criterios claros y compartidos, que definan de forma objetiva qué es “verde”. En la Unión Europea, esta taxonomía se formalizó mediante el Reglamento UE 2020/852 (reglamento sobre taxonomía), en línea con el Pacto Verde Europeo y la meta de lograr una economía climáticamente neutra para 2050.
Utilidad e impacto
- Evita el “greenwashing”: al proporcionar una definición uniforme de actividades sostenibles, disuade el uso indebido del lenguaje ambiental sin respaldo real.
- Mejora la transparencia e impulsa inversiones verdes: al alinear los criterios de sostenibilidad con las decisiones financieras, facilita el flujo de capital hacia actividades realmente sostenibles.
- Facilita el seguimiento de flujos sostenibles: permite medir y monitorear cómo se destinan los recursos como parte de políticas de promoción económica responsable.
Componentes clave y proceso de construcción
Objetivos ambientales integrados:
La UE identifica seis objetivos principales: mitigación y adaptación al cambio climático, economía circular, prevención de contaminación, uso sostenible del agua y marine resources, y protección de biodiversidad. Una actividad debe aportar sustancialmente a uno de estos y no causar daño significativo (principio DNSH) a los otros.
Requisitos para las actividades:
Las actividades deben:
- Contribuir significativamente a un objetivo ambiental.
- No causar daño significativo a los demás.
- Cumplir salvaguardas sociales mínimas.
- Ajustarse a criterios técnicos establecidos.
- Perspectiva regional y global
La taxonomía europea ha servido de referencia global. La Organisation for Economic Co-operation and Development – OECD la reconoce como un marco robusto que aporta claridad, confianza y rastreabilidad, comparando iniciativas similares en China, Japón, Francia y otros países.
En Latinoamérica, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) promueve un Marco Común de Taxonomías para LAC, orientando a los países que ya avanzan con desarrollos propios para que generen marcos compatibles y fortalecidos regionalmente.
Algunos recursos informativos sobre taxonomías:
Marco común de taxonomías de finanzas sostenibles para América Latina y el Caribe.
Bonos verdes: la clave financiera para construir un futuro sostenible
En un mundo que enfrenta crecientes desafíos ambientales, los bonos verdes surgen como una herramienta financiera innovadora y necesaria. No se trata solo de una tendencia; representan un compromiso concreto por parte de gobiernos, empresas e instituciones financieras para financiar proyectos que contribuyan directamente a la sostenibilidad del planeta.
Un bono verde es, esencialmente, un instrumento de deuda (como cualquier otro bono), pero con una diferencia importante: los fondos obtenidos se destinan exclusivamente a proyectos verdes, es decir, aquellos que generan beneficios ambientales medibles. La idea es simple, pero poderosa: aprovechar el mercado de capitales para impulsar una economía más limpia, resiliente y equitativa.
Desde su emisión en 2007, los bonos verdes han financiado una diversidad de iniciativas, permitiendo canalizar millones de dólares hacia actividades con impacto positivo. Su importancia ha crecido en paralelo a la conciencia global sobre el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.
Las actividades elegibles son diversas, aquí algunos de los principales sectores:
Energías renovables, como la solar y la eólica son uno de los destinos más frecuentes. Estos proyectos no solo reducen emisiones de carbono, sino que también disminuyen la dependencia de combustibles fósiles.
Eficiencia energética, a través de edificios sostenibles, sistemas de calefacción inteligente o tecnologías de almacenamiento energético.
Transporte limpio, que incluye vehículos eléctricos, transporte público ecológico, infraestructura para bicicletas y proyectos ferroviarios.
Gestión sostenible del agua, con inversiones en tratamiento de aguas residuales, infraestructura para agua potable y soluciones de drenaje urbano adaptadas al cambio climático.
Prevención y control de la contaminación, con acciones que van desde la reducción de emisiones industriales hasta el reciclaje de residuos sólidos y la descontaminación de suelos.
Conservación de la biodiversidad y gestión sostenible de tierras, incluyendo reforestación, agricultura y ganadería sostenibles, así como la restauración de ecosistemas.
Adaptación al cambio climático, mediante sistemas de alerta temprana, monitoreo climático y fortalecimiento de infraestructuras vulnerables.
